viernes, noviembre 25, 2016

EL CUIDADO DE LA CASA COMÚN: Lectura desde la Ética y la Educación





Luz Stella Millán P.


En este tercer Seminario sobre los diferentes enfoques bajo los cuales se puede leer la Encíclica del Papa Francisco, realizado el pasado 24 de Octubre, correspondió el tema -El Cuidado de la Casa Común: Lectura desde la Ética y la Educación- en él se revisaron la Ética y la Educación como disciplinas independientes, sus puntos comunes, su estrecha relación con el ser humano y con la naturaleza, así como la relación interdisciplinar existente. Se  retomó el concepto de Ecología Integral[1] y cómo de ella se desprende la alianza, ya ancestral,  entre el ser humano y su medio ambiente.

El enfoque desde la Ética y la Educación lleva a reflexionar sobre los procesos pedagógicos actuales, la crisis ética, y las nuevas directrices que se hacen necesarias si se quiere responder a los problemas ecológicos. Ética y Educación son componentes primordiales del comportamiento humano, más aún si se ejerce con responsabilidad y compasión,  lo que se espera del hombre frente a la naturaleza.

Al respecto, Laudato Si’ aborda la crisis ecológica-social colocando al hombre como instrumento de Dios, dotado con la capacidad de decidir, conscientemente, acerca de sus actuaciones frente a los semejantes, así como frente a las demás especies, es decir de su comportamiento para convivir y compartir. De ahí que sea indispensable tener en cuenta la óptica ética y los niveles de educación que involucra cada una de las acciones propuestas como solución a la crisis medioambiental.

Si bien los fundamentos teológicos y filosóficos son válidos para soportar comportamientos, es la ciencia quien proporciona los datos de la realidad ambiental que vivimos. Por tano, como lo expresó Monseñor Marcelo Sánchez[2], en este Seminario, “hay que cambiar, no rezar”, utilizar tanto la fe como la razón científica para lograr el desarrollo sostenible.

Este modelo Ciencia – Religión, para el padre Julio Martínez, S.J.[3], lo conforman dos ventanas abiertas a la misma realidad, “son magisterios que no se solapan”, sino que sus niveles se cruzan en la individualidad del ser y enriquecen el diálogo. Dentro de la Encíclica la dinámica entre ciencia y religión es imprescindible, sin embargo las verdades teológicas de los libros sagrados no pretenden ser científicas. Por supuesto, los conocimientos científicos son base de la ética porque “la buena ética necesita buenos datos”.

Para los invitados al panel, la Encíclica provoca la reflexión en torno al comportamiento y las relaciones hombre – naturaleza, es un aporte muy positivo en materia ética y educativa:
- En palabras del padre Leonardo Rincón, S.J. “toda la Encíclica tiene un enfoque educativo, interdisciplinario” tiene una mirada holística porque Francisco como jesuita es educador, implementador del método ignaciano, y un excelente comunicador.
- El padre Luis Fernando Múnera, S.J. la considera “una Encíclica de la esperanza en el ser humano”, pues a pesar de la crisis educativa agravada por el uso intensivo de tecnología, tecnología utilizada incluso para que el hombre doblegue la naturaleza a sus necesidades, la humanidad tiene la capacidad de recuperar la sensibilidad y colocar a la naturaleza en proceso de salvación.
- Pablo Leyva, doctor en Desarrollo Económico y Social, ve en Laudato Si´ un llamado al diálogo, a la urgencia de la paz en el mundo, debido a que las guerras agudizan el problema ambiental, que podría ser minimizado si se aplica la Ética en la guerra, en lo político, en lo social, y en las decisiones individuales.
  
El futuro compartido que se señala en  Laudato Si´ y para el cual apuesta por “un cambio en los estilos de vida”[4] en el cual es fundamental privilegiar la educación ambiental y la ética ecológica que nace de las convicciones de la fe, puesto que el pensamiento influye en el comportamiento, hace que más que ideas sean necesarias motivaciones, una verdadera Conversión Ecológica, que nos permita hacer frente al consumismo  y  ser protectores de la naturaleza. Sin esta motivación y sin una adecuada educación es imposible lograr cambios sociales, tomar las riendas de la Casa Común, ser artífices del destino de nuestro planeta. 

_____________________
[1] “Dado que todo está íntimamente relacionado, y que los problemas actuales requieren una mirada que tenga en cuenta todos los factores de la crisis mundial, propongo que nos detengamos ahora a pensar en los distintos aspectos de una Ecología Integral, que incorpore claramente las dimensiones humanas y sociales”. Francisco, Laudato Si´, No. 137.
[2] Filósofo y Teólogo argentino. Obispo de la Diócesis de Vescovio (Roma).
[3] Filósofo y Teólogo español. Rector de la Universidad pontificia Comillas (Madrid).
[4] Francisco, Laudato Si´, No. 206.

lunes, noviembre 07, 2016

GAUDÍ: ARQUITECTURA Y ESPIRITUALIDAD




El pasado viernes 21 de octubre, entre las 5:00 p.m. y las 8:00 p.m., en el Auditorio de la Universidad Alfonso Quintana S.J., se desarrolló la conferencia titulada: “Gaudí, arquitecto de Dios”, actividad promovida por el Centro de Formación Teológica y el Centro de Estudios Católicos. El título de la charla se inspira en una frase que aparece en un artículo escrito por el mosén Manuel Trens, publicado con ocasión de la muerte de Antonio Gaudí.

La conferencia principal estuvo a cargo del arquitecto y Gaudinólogo José Manuel Almuzara[1] y los comentarios de los profesores José Ricardo Acero por parte de la Facultad de Teología y Carlos Hernández por la Facultad de Arquitectura y Diseño.

Para dos de las asistentes Martha Pinzón y Ana María Wiesner, arquitectas, fue interesante entender cómo subyacen en Gaudí la dimensión humana y esa trascendencia espiritual, que han hecho su obra inmortal y lo tienen en el camino de la beatificación. Por tales motivos, y desde su disciplina, han plasmado sus opiniones al respecto:



GAUDI Y LA ECOTEOLOGIA
Martha Pinzón
Arquitecta

Después de estar en la charla "Gaudí, arquitecto de Dios", no pude más que sentir emoción al entender cómo desde todas las dimensiones humanas (y una tan cercana para mi como lo es la arquitectura) está  la disposición de la sublimación a la espiritualidad, partiendo de la observación de la naturaleza. Así fue como el arquitecto Gaudí pudo realizar una obra tan imponente a partir de la humildad y la alabanza a Dios y que hoy en día ese legado es patrimonio de la humanidad.

El articuló su talento con el trabajo en equipo de sus artesanos, y se preocupó por las condiciones de vida de ellos ya que desde temprana edad sintió los problemas sociales de la época,  y el atender a sus clientes.  En la Catedral de la Sagrada Familia (templo expiatorio) cuya finalidad es exaltar la fe y “despertar los corazones dormidos”  llegó a su punto máximo esculpiendo en piedra escenas del evangelio, siendo todo un apostolado de la doctrina cristiana, y aunque no tuvo el tiempo para acabarla dejó sus ideas plasmadas en maquetas para su continuación y con este legado confió en que sus seguidores impregnarían su filosofía y sentimiento hasta el final.

Pues es así como en los últimos años otros han seguido la construcción con cambios para los expertos algunos sustanciales en cuanto a dos factores principales: El aporte de la historia y conceptos simbólicos que van contando de abajo hacia arriba los principios religiosos, y el carácter casi artesanal de la construcción inspirada plenamente en la naturaleza y los paisajes que observó durante su niñez.


Si quisiéramos pensar en aplicar el término Ecoteología a una obra arquitectónica y que no está inscrita en la arquitectura ahora llamada sostenible, sin duda sería la obra de Gaudí que va mas allá, en cuanto que su inspiración nace y se eleva a la creación de Dios.



GAUDÍ INTERESANTE Y REVELADOR
Ana María Wiesner
Arquitecta

Interesante y reveladora conferencia “Gaudí, arquitecto de Dios”.  Fue un descubrir de nuevas facetas en la vida de Antonio Gaudí (1852-1926),  el arquitecto que admiramos  como un ser humano ejemplar, fiel a sus principios y a su espiritualidad.

Detalles de su vida personal, como la larga enfermedad que sufrió desde su niñez  y el contacto que tuvo con la naturaleza, el cual marcó su  estilo y creatividad. El trabajo con su padre en la calderería lo llevó a valorar el trabajo duro y a dominar los conceptos de geometría y de volumetría.

La humildad y la compasión con los más necesitados lo caracterizaron toda su vida. No sólo arquitecto, también artista, transmitió su religiosidad en cada obra. Su gran obra  “La Sagrada Familia” transmite en cada detalle su amor a Dios y a la naturaleza como expresión de Dios.

Su fe cristiana está plasmada en los pasajes religiosos descritos en preciosas esculturas y tallas en piedra. Con gran perfeccionismo y autenticidad crea espacios conformados por elementos inspirados en la naturaleza, con un hermoso juego de luz y color.

Su conocimiento de la geometría y de la volumetría le permitieron crear una obra de grandes dimensiones y espacios maravillosos para guiar a los fieles y visitantes por un recorrido espiritual con significados en cada elemento.

Hoy en día, Antonio Gaudí es postulado a la beatificación por su vida ejemplar, en la que promulgó con su ejemplo, el amor a todos los seres y a la naturaleza, su entrega a Dios y a la Creación. Nos demuestra que sí es posible ejercer nuestros oficios consecuentemente con nuestra espiritualidad, con respeto y admiración por todos los seres y por la naturaleza.

Es un ejemplo a seguir en nuestros días.




[1] Arquitecto español Presidente de la Asociación Pro Beatificación de Antonio Gaudí
Fotos: Afiche institucional para promoción de la Conferencia

jueves, octubre 06, 2016

VIVIENDO LAUDATO´SI (2)



            

Meditación de Thich Nhat Hahn[1]

Primer paso del día
¡La tierra verde es un milagro!
Caminando con total atención
El maravilloso Dharma es revelado.

Al hacer correr el agua
Agua fluye de las altas montanas.
Agua corre profundamente en la Tierra.
Milagrosamente, agua viene a nosotros
Y sostiene toda la vida.

Lavándose las manos
Agua corre sobre mis manos
deberé usarla sabiamente
para proteger nuestro planeta.

Alimentándonos
En este plato de comida
yo veo todo el universo
apoyando todo mi existencia.


Caminando
La mente puede ir en todas la direcciones,
pero en este bello sendero, camino en paz.
Con cada paso, una brisa gentil,
con cada paso, una flor.

Regando el jardín
Agua y sol reverdecen las plantas.
Cuando la lluvia de compasión cae
hasta el desierto se convierte en un inmenso
y verde océano.

Reciclando
Basura se convierte en una rosa
La rosa se convierte en compost
Todo está en transformación.
Permanencia e Impermanencia.

Regando las plantas
Querida planta, no pienses que estás sola,
Esta agua viene de la tierra y el cielo
Esta agua es la tierra
Y hemos estado juntas por incontables vidas.

Plantando árboles
Yo  me confío a Buddha
Buddha se confía en mi
Yo me confío en la tierra
La tierra se confía en mi.



[1] Thich Nhat Hanh, Earth Gathas, Dharma Gaia (1990)



domingo, septiembre 04, 2016

VIVIENDO LAUDATO´SI (1)


   


“Un cambio en los estilos de vida podría llegar a ejercer una sana presión sobre los que tienen poder político, económico y social. Es lo que ocurre cuando los movimientos de consumidores logran que dejen de adquirirse ciertos productos y así se vuelven efectivos para modificar el comportamiento de las empresas, forzándolas a considerar el impacto ambiental y los patrones de producción. Es un hecho que, cuando los hábitos de la sociedad afectan el rédito de las empresas, estas se ven presionadas a producir de otra manera. Ello nos recuerda la responsabilidad social de los consumidores. «Comprar es siempre un acto moral, y no sólo económico». Por eso, hoy «el tema del deterioro ambiental cuestiona los comportamientos de cada uno de nosotros». (LS,206)


miércoles, agosto 17, 2016

BESAR LA TIERRA

 María Jesús Sánchez Vallinoto


Descubrí hace un tiempo que me gusta escribir, me gusta poner en un papel lo que me gusta, o me inquieta, o me molesta. De vez en cuando mando alguna carta a un periódico local y, curiosamente, han publicado más de una. Será que lo que me bulle por dentro debe ser relativamente interesante para más de uno; pero fundamentalmente escribo para mí. Para dejar constancia de lo que siento. Podría reformular el famoso dicho: “siento, escribo, luego existo”.

Llevo varios días pensando cómo concretar y seleccionar alguna de las ideas y sentimientos que bullen en mi cabeza y en mi corazón. De pronto me viene alguna idea muy general sobre la sociedad de consumo -a la que pertenecemos y alimentamos día a día con nuestras prácticas consumistas- que va matando la Tierra, este planeta hermoso que nos ha visto nacer, mientras la inmensa mayoría hacemos muy poca cosa por remediarlo; también se me ocurre, en relación con lo anterior, algo más particular acerca de los comportamientos diarios que debemos cambiar -de manera imperativa- si queremos aportar un grano de arena a la posible solución de los problemas que sufrimos con el cambio climático; incluso me ronda la idea de darle un enfoque teológico a esta problemática planteando nuevamente la necesidad de una metanoia integral, de tal manera que los cambios en nuestros pensamientos, actitudes y comportamientos respondan a un compromiso vital con el medio ambiente desde la condición de creyentes en un Dios Creador.

Desde otra perspectiva, más afectiva,  me vienen ideas acerca de una cultura que me ha enamorado toda la vida y que considero tiene una relación con la creación digna de conocer y apreciar. Me refiero a la cultura Islámica. Llevamos mucho tiempo bombardeados por los medios de comunicación con imágenes sobre las revueltas, primaveras, ataques terroristas, yihadismos, estado islámico y no sé cuantas palabras más, todas con connotaciones negativas y violentas.  

¡Qué pena con el Islam! Qué pena que una fe -cuyo nombre en árabe viene de la misma raíz salam, paz- y que nos propone la aceptación de la voluntad de Dios porque es Justo, Clemente y Misericordioso, qué pena me da –repito-, que hoy en día tengamos esta religión y esta cultura asociada a la muerte y la violencia.

Desde una perspectiva medio ambiental, me gustaría escribir sobre la relación armoniosa y respetuosa  del Islam con la naturaleza; descubriendo esta relación a través de una mirada atenta sobre la arquitectura que desarrollaron los musulmanes a lo largo del tiempo y del espacio, recogiendo usos de materiales y técnicas en las que integraron todo un saber, un apreciar y un creer en un Dios Único y Creador. Quisiera poder explicar cómo la arquitectura islámica valora  la naturaleza de tal manera que la integra constante y armónicamente en las construcciones, desarrollando magníficos jardines en palacios y mezquitas  o pequeños patios interiores en viviendas sencillas; de tal manera que el gran jardín o el pequeño patio se convierten  de manera simbólica en una imagen idílica al hacer presente en la vida cotidiana el destino final de los creyentes: una tierra fértil, exuberante, con ríos, arboles, flores y frutos. Es decir, el Paraíso.

Sin embargo, ahora, escribiendo en estos momentos sigo sin estar segura sobre cuál de estas ideas es hoy mi fuente de inspiración. Picasso ya nos avisó que la imaginación existe pero que nos tiene que “encontrar trabajando”.

Hace algunos días fue asesinado un sacerdote en un pequeño pueblo francés mientras oficiaba misa. Otra vez el despliegue de información. Nos contaron que el asesino había gritado “allah akbar”, es decir, era un terrorista musulmán. A pesar de que el Papa Francisco dijo inmediatamente: “no hay guerra de religiones, hay guerras de intereses” económicos y políticos, los medios de comunicación siguieron “dale que te pego” con lo mismo (perdón por la expresión tan coloquial). Estado Islámico para arriba, Estado Islámico para abajo.

Luego se ofició en la catedral de Rouen el funeral del sacerdote asesinado. Y, ¡oh cosa curiosa! Los medios apenas nos contaron que dirigentes religiosos musulmanes y creyentes musulmanes –además de otras confesionalidades- participaron en la ceremonia religiosa católica. Las imágenes se vieron en la televisión, pero pocos medios audiovisuales o escritos subrayaron la importancia de ese gesto: Repudio a la barbarie venga de donde venga; unión y fraternidad ante el dolor y la muerte. La mayoría no lo mencionó[1]. ¡Qué triste! Qué responsabilidad la de los medios con esos silencios cómplices.

Este gesto de la comunidad musulmana me recuerda otro gesto; una imagen  que vi en la  televisión hace un tiempo: emigrantes sirios besando la costa de algún lugar del Mediterráneo oriental  donde tuvo la fortuna de llegar la balsa en la que se jugaron la vida huyendo de su tierra destruida por la violencia de una guerra injusta y cruel. La noticia en el periódico decía: “en cuanto toman tierra, los emigrantes sirios besan el suelo”.[2] La foto del periódico es una película en cámara lenta: saltar a tierra, besar la tierra, alzar los brazos bendiciendo a Dios. Seguramente si la película fuera sonora oiríamos la proclamación: “allah akbar” (Dios es Grande). Y no son terroristas, son refugiados huyendo del horror y la muerte, buscando la vida que la guerra (de intereses económicos y políticos de otros) no les permite vivir en su tierra.

Sí, “Dios es Grande” y nosotros somos muy, pero que muy pequeños. Más pequeños que el niño Sirio que nos hizo llorar a todos cuando su cuerpo sin vida apareció una mañana ahogado en las costas de Turquía “besando la tierra”[3]. Después supimos que  llamaba Aylan Kurdi.


Cuando miro  su cuerpo sin vida boca abajo, con sus labios pegados a la arena de la playa me atrevo a decir que Aylan apareció “besando la tierra”; porque el viaje de esta familia siria, que se inició huyendo de su tierra para buscar otra en la que vivir en paz, terminó en una playa turca donde se inició la eternidad para este pequeño creyente en un Dios Justo, Clemente y Misericordioso. Porque de alguna manera, ya fuera del tiempo y del espacio, Aylan fue recibido en el Paraíso y seguramente, al llegar, “besó la tierra” de ese jardín fértil y exuberante que lo acogerá por siempre.

¡Cómo nos conmovimos todos ese 2 de septiembre de 2015! ¡Qué titulares! “El cuerpo muerto de un niño en playa turca genera conmoción”, “Niños ahogados, la imagen más horrorosa de la tragedia del Mediterráneo”, “Diarios británicos llaman a Cameron a actuar rápido”. Parece que no oyó la llamada, porque casi un año después todo está igual: Niños, jóvenes y adultos siguen “besando la tierra” en las costas, en las calles de las ciudades sirias, iraquíes, turcas, afganas… destruidas por la guerra.

No, todo no está igual,  está peor; ni siquiera está Cameron y ahora la alabanza al Dios de la vida –según los medios de comunicación- es el signo de ser terrorista.

Otro día estaré más ambientalista.





[1] En Internet se puede ver cómo lo narran  El Tiempo, la agencia efe, Clarín, La Vanguadia, cnnespañol y aciprensa.
[3] http://www.larazon.es/internacional/varios-ninos-fallecen-ahogados-tratando-de-llegar-a-grecia-EF10620631#.Ttt133H64Q9H67s. 09,02, 2016
Fotos:  http://www.eldiario.es       y      www.periodistadigital.com

martes, junio 21, 2016

EL CUIDADO DE LA CASA COMÚN Y EL PENSAMIENTO AMBIENTAL LATINOAMERICANO





Nohora Inés Pedraza Niño

El 2 de Junio pude asistir, con tranquilidad y dejando de lado mis actividades académicas, al Segundo Seminario El Cuidado de la Casa común “Una revisión histórica del pensamiento ambiental latinoamericano de cara al futuro”, del Simposio Javeriano sobre la CARTA ENCÍCLICA LAUDATO SI´ que ha puesto en el fondo de la discusión la afirmación del Papa Francisco acerca de que el consumismo supera las capacidades del planeta y frente a esto “apostar por otro estilo de vida”.

Fue muy interesante escuchar los puntos de encuentro, no percibí de desencuentro, de diferentes pensadores latinoamericanos sobre la situación ambiental del mundo, pero especialmente ligando su pensamiento con el pensamiento del Papa Francisco, pero además desde diferentes disciplinas y a veces poco cercanas al sentir y pensar cristiano (comentario muy personal), entre ellos: sociólogos, antropólogos, filósofos, economistas.

Fue corroborar desde las diferentes áreas de conocimiento que se coincide en que todo se relaciona con todo, idea fundamental en la Educación Ambiental y planteada en la Encíclica, además de otras ideas como: se espera una nueva revolución cultural (una nueva persona humana) para ello el planteamiento global es un cambio de conciencia de todos, que aumente la calidad de vida más allá de satisfacer necesidades. Por ello un tema recurrente fue la Responsabilidad que nos toca a cada uno: Estado, Empresas, Familias, Ciudadanos. Igualmente, se habló de la Economía Ambiental, de una Ecología Política, porque es necesario entender que la Economía no existe sino en el Ambiente lo que urge el cambio de paradigma: de aquel economista tecnológico con un crecimiento sin equidad, con depredación y violencia, que ha imperado por años, a uno humanista ecológico con inclusión social, desarrollo sostenible y ecología integral.

Se habló de uno de los temas actuales, mundiales y que nos corresponde a todos: la gobernabilidad y la gobernanza, la mundialización de la democracia, pero desde una justicia social, porque para el Papa Francisco lo social y lo ético están en el centro del Desarrollo Sostenible, por ello se enfatizó que no es una Encíclica Verde sino la Encíclica del Desarrollo Sostenible, con visos del Ecodesarrollo, planteado por Strong, primer director del PNUMA, en 1973, quien  propuso el término para conciliar la Economía con la Ecología, a través de estilos de desarrollo alternativos, que atendieran la marginación social, cultural, económica y política.

Punto de vista desde el que no se concibe como un documento religioso, ni científico, ni ecológico, sino como un discurso religioso innovador porque conjuga las crisis Ambiental, Social y Humana, con el cambio climático, arranca de realidades latinoamericanas, y recoge pensamientos Teológicos, Ecológicos y tradición de la iglesia en el continente. Lo fundamental a partir de este planteamiento es cambiar la forma como escuchamos el mundo (relación tierra – pobres).

Temas recurrentes, para definir el concepto de Ecología Integral, en LAUDATO SI´, que nos lleva, como ciudadanos, a replantearnos la cultura del consumismo y el mundo del capitalismo (¿el mundo está hecho para el capitalismo?), pues si nos educamos y concienciamos  en el papel que tenemos como ciudadanos, podemos tomar decisiones individuales (dadas en pequeñas cosas) que se integran a la sociedad, como se ha visto en las acciones colectivas de diferentes países latinoamericanos para tomar decisiones sobre el agua, el bosque, la limitación a la minería, entre otras.

El Pensamiento Ambiental intrínseco al ser humano, lo ha llevado a considerar la creación como obra de seres superiores, pero no la entiende. Así, el modelo socioeconómico ha agotado la naturaleza, ha convertido al Hombre en neto Consumidor, con visión antropocéntrica, y a la Naturaleza en ilimitado Proveedor. El Papa propone retornar a esa Casa Común, hacer cambios, antes de afrontar la catástrofe, y así vislumbrar un futuro mejor.

Algunas preguntas a los panelistas, fueron sobre fórmulas para hacer las cosas. Como ellos respondieron, no se tienen fórmulas. Dejan la reflexión para iniciar con los pequeños cambios, pero que al iniciarlos como un bumerang puedan impregnarse, si somos conscientes, para empezar a dar pasos por nuestro planeta y poder decir con propiedad: Loado Seas Mi Señor: Hermano Sol, Hermana Luna, Hermana Agua, Hermano Bosque, Hermano Lobo, Hermanos que nos dan la vida... ¿Los Hermanos Humanos que les damos?


martes, mayo 31, 2016

LA GRATITUD Y LA PAZ

Luz Stella Millán P.

El pasado 18 de abril tuvimos la oportunidad de tener en el campus javeriano la Conferencia del hermano David Steindl – Rast, monje benedictino austriaco que, además de ser sicólogo y antropólogo, posee amplio entrenamiento en budismo zen, es especialista en ecumenismo, y participa activamente en el diálogo budista-cristiano.

En sus conferencias sobre el tema de Gratitud aborda  contenidos encaminados a poner en práctica nuevos modelos de vida y de consumo, respetando siempre religiones y culturas, lo que a la luz de la Laudato Si´ equivale a la implementación de la Ecología Cultural.

Para el hermano David, como se le conoce entre sus seguidores, la Paz crece del Agradecimiento, y toda manifestación de Gratitud si es auténtica, tiene las connotaciones de “gratis y libre”. De ahí que “dar las gracias” aunque es una expresión verbal de gratitud, no puede considerarse como tal si no hay un goce interior de esa acción, como respuesta a cada uno de los momentos de la vida, que siempre son “regalos”. La Gratitud se siente aunque no se diga y viceversa.

Pero, el crecimiento personal a partir de los aprendizajes no siempre es placentero y cuando no es placentero es un crecimiento en Compasión, es un aprender a convivir de acuerdo con el devenir de la vida, que a la postre siempre es justa y compasiva.

El hermano David define algunos términos de sus charlas, así:
PAZ es la plenitud de la vida
LIBERTAD es despojarse de prejuicios, opiniones y miedos
ANSIEDAD es un camino estrecho, que se prolonga con el miedo
ACEPTACIÓN es darle la bienvenida a la vida y sus regalos, por tanto no debe ser pasiva
PERDÓN es dar “en grado sumo” por ello es intenso y difícil
DAR GRACIAS (desde el corazón) es mucho más difícil que perdonar

La sociedad actual maneja El PODER  como valor; Poder que da Control pero un Control que no da Libertad. Así, hoy en día la pirámide de Poder es fácil camino hacia el suicidio.

¿Qué nos queda entonces? Es la pregunta que nos ronda. Para David Steindl se debe Invertir esa pirámide, como forma de “revolucionar la revolución”. Debe reemplazarse la pirámide de Poder por la Red de Empoderamiento. El Empoderamiento, permite buscar Oportunidades, anular Violencias. La OPORTUNIDAD es la clave de la GRATITUD, es muy activa, cada cual se detiene, observa a su alrededor y actúa de acuerdo con ello.

Allí radica la relación entre la PAZ INTERIOR y la PAZ SOCIAL.

El hermano David lidera la comunidad Vivir Agradecidos, desde la cual se realizan celebraciones internacionales e interreligiosas, como la del pasado 3 de mayo en Buenos Aires, donde hubo testimonios, reflexiones, poesía y canto; admirando la maravilla de la Creación, los dones de Dios y las bendiciones que recibimos cada día. En las celebraciones se presentan formas de sanación de cuerpo y alma a través de darse a los demás como forma de agradecer, de perdonar, de hallar la paz.

lunes, mayo 23, 2016

EL CUIDADO DE LA CASA COMÚN: Lectura desde la Economía






  
Luz Stella Millán P.
Martha Pinzón J.
Germán Mahecha C.

El pasado lunes 18 de abril en el auditorio Luis Carlos Galán de la Pontificia Universidad Javeriana, se dio inicio al Simposio Javeriano sobre la carta encíclica Laudato Si’ del Papa Francisco, con el Seminario titulado: “El cuidado de la Casa Común. Lectura desde la Economía”.

El Padre Jorge Humberto Peláez S.J., rector de la Universidad, en su discurso de apertura, nos hizo pensar en la casa como un lugar donde se despierta cada día y donde se nos provee entre muchas cosas, recuerdos, descanso, identidad y patrimonio, razón por la cual es importante valorar y apreciar el significado de cuidar lo que el Papa ha denominado como Casa Común: el Planeta Tierra.

El simposio en el que participaron expertos nacionales e internacionales, plantearon sus visiones desde el sector público, la empresa privada, los organismos multilaterales y la academia; desde diferentes problemáticas como el cambio climático, el consumismo humano, la pobreza, presentando soluciones optimistas como el desarrollo de las energías renovables, el desarrollo del ecoturismo como territorios de convivencia, la redistribución de la riqueza y programas como la prosperidad compartida, entre otros, con el propósito de responder al objetivo de “Divulgar y facilitar la comprensión, el análisis e impacto de las ideas expresadas por el Papa Francisco en su Encíclica LAUDATO SI’, enmarcándolas en la problemática mundial actual y con énfasis en la coyuntura actual de nuestro país y en la forma en que las ideas expresadas aportan a la construcción de la paz y de un nuevo país”…

Con este simposio, la Universidad inicia un camino de reflexión que la llevará a fortalecer su meta de alcanzar una sostenibilidad integral, mediante un desarrollo sostenible en todas las áreas, donde pensar en una nueva economía para enfrentar la crisis, reafirma las palabras del Papa Francisco cuando expresa que “somos una sola familia humana. No hay fronteras ni barreras políticas o sociales que nos permitan aislarnos, y por eso mismo tampoco hay espacio para la globalización de la indiferencia”[1].

La Casa Común como proveedora de productos y servicios ambientales debe ser sostenible en el largo plazo, lo que equivale a tener justicia intergeneracional ambiental, social y económica, al tiempo que debe ser generadora de paz, entendida ésta no como seguridad sino como tranquilidad. Una paz que es un bien universal. Una afirmación donde se evidencia que “no hay dos crisis separadas, una ambiental y la otra social, sino una única y compleja crisis socioambiental”[2].

A manera de conclusión podemos decir que el aspecto económico planteado en este primer seminario, presenta un mensaje altamente integrador pues la interrelación entre ser humano y naturaleza permite divisar espacios para la construcción de la tan anhelada paz social, sin desvincular la paz con la naturaleza, porque “los poderes económicos continúan justificando el actual sistema mundial, donde priman una especulación y una búsqueda de la renta financiera que tienden a ignorar todo contexto y los efectos sobre la dignidad humana y el medio ambiente”[3].


[1]Francisco, Laudato Si’, No. 52.
[2]Francisco, Laudato Si’, No. 139.
[3]Francisco, Laudato Si’, No. 54.


viernes, abril 15, 2016

HISTORIAS DE VIDA

Sandra  Beltrán:
PORQUE ESTOY AQUÍ

Estoy aquí, porque amo la naturaleza, porque respeto la creación de Dios, porque de ella vengo, soy parte de ella y por ella moriré. Creo que la naturaleza tiene magia. Debe tenerla, porque es incomprensible, con seres grandes, pequeños, hermosos, curiosos, pero todos con una finalidad, engrandecer la magia de nuestro planeta.

Cuando era niña siempre soñé dedicar mi vida al cuidado y preservación de la naturaleza, pensé en estudiar algo relacionado con su cuidado, por ello quise estudiar biología marina, desafortunadamente recibí opiniones que me hicieron desistir de mi idea. Al ver que no podía realizar mi sueño, seguí mi camino pero nunca dejé de lado la idea de cuidar y aportar mi granito de arena para salvar el planeta. Continué mi vida universitaria como Administradora de Empresas, creyendo que el objetivo en el mundo era trabajar y estudiar, tener un hogar y ser alguien en la vida, me casé, tuve una hermosa hija, que me regaló el creador, y a la cual le daré gracias por tantas bendiciones que me ha traído. Habiendo logrado algunos objetivos, sabía que en mí faltaba algo muy importante, poner mi vida al servicio de la naturaleza.

Mi hija Alejandra y yo hemos sido muy buenas amigas, compartimos muchos de nuestros gustos, el amor, el respeto y el cuidado por los seres de la naturaleza, nos desequilibra ver las noticias sobre injusticias, atropellos en contra del planeta y sus seres vivos. Sin embargo sólo veíamos noticieros pero aún no actuábamos en concreto, hacíamos cosas individuales mínimas como sembrar un árbol, recoger un perrito desamparado y adoptarlo (protegimos 4), y decirle a cada cual no haga eso, no dañe, no vote, no hiera; en fin intentar crear conciencia. Hemos visitado algunos sitios ecológicos, en Colombia, Costa Rica, Estados Unidos, México y otros, siempre disfrutando de nuestros viajes porque son ecológicos, ver la diversidad de la naturaleza en cada territorio es muy enriquecedor.

Cuando tengo oportunidad le digo: “Hija cuando tú sigas tu rumbo yo quiero cambiar mi vida, quiero dedicarla al servicio de animales y plantas en vía de extinción”. Un gran día Alejandra, estudiante de Ingeniería en la Universidad Javeriana tomó una asignatura que se llama TEOLOGIA y ECOLOGIA; hablando con su director Dr. Germán Mahecha, quien escuchó su interés por la Ecología y la invitó a participar en el seminario ECOTEOLOGÍA, ella a su vez le comentó al Dr. Mahecha mi interés por la Ecología y él muy amablemente nos invitó a participar, desde ese momento vi la oportunidad de realizar uno de mis sueños, lograr el objetivo de crear conciencia para cuidar el planeta.

Suena algo ilógico y loco pero siento un amor incontrolable por la naturaleza, sin ella,  no tendría razón mi ser. Busco viajar frecuentemente al campo para estar en contacto con los animales y las plantas siempre buscando su cuidado, paso gran parte del día anhelando esos hermosos paisajes, escasos en la ciudad.

Recuerdo de pequeña oír llover casi una noche entera, recuerdo el sonido proveniente del techo de la casa de mis abuelos que me arrullaba ¡un sonido tan reconfortante! ,  recuerdo el aire de la mañana siguiente, de alguna manera más puro y transparente; y cómo los colores, todos los colores, verde, naranja y hasta el amarillo, de los rayos del sol, eran tan intensos que brillaban como escarcha y que se reflejaban en cada hoja. Todos conspiraban para hacer su mejor trabajo y ofrecer un espectáculo digno de nuestro creador. ¡Qué maravillas, que aún alcanzo a ver en algunos momentos de mi vida!

Me gusta la naturaleza porque en ella encuentro paz, inspiración y hasta amor, sí, amor porque he visto que ella lo da todo a todos sin excepción, sin escatimar… Y nosotros que no agradecemos, pero ella siempre nos sonríe con la media luna sobre el cielo.  Y ¿qué me dicen del viento? Ese que silva en nuestro oídos, llevando los cánticos que engalanan los pajaritos, las cigarras, el viento que sopla sobre la cima de una montaña creando ondas con la hierba, con las ramas de los árboles, como si fuera agua, y el sonido que se pierde mientras pasa el tiempo.

Por esto y mucho más estoy aquí, porque AMO LA GRANDEZA DE DIOS, AMO LA NATURALEZA.   AMEN.



Ana  María  Wiesner:
Arquitecta

RECORRIDO


Recorriendo mi camino bajo las enseñanzas  de la espiritualidad Budista,  desde hace 16 años, he tenido la oportunidad de ir encontrando los espacios para adentrarme en los temas que más me han atraído durante mi vida.

Uno de ellos es el amor a la naturaleza,  su conocimiento y protección.

El arte y la pintura, presentes en mi hogar desde la infancia, han sido para mí un medio de expresión de esa admiración.

Además, el Budismo me ha guiado para vivir consecuente con mis principios y dar un sentido a mi vida,  como son el amor y el cuidado por  todos los seres y la naturaleza.

Hace unos años fui invitada como practicante budista a participar en la Mesa Ecoteológica de Bogotá.  Fue una experiencia enriquecedora y muy interesante, en la cual nos encontramos representantes de diferentes espiritualidades, en torno al tema del cuidado del planeta y sus habitantes.

Compartimos conocimiento y experiencias, llegando a la valiosa conclusión que el amor y el concepto sagrado de la naturaleza son universales y están en todas las espiritualidades de todos los pueblos.

En ese momento me enteré del seminario “Teología en Diálogo con la Educación Ambiental“ que se desarrolla en la Facultad de Teología, en el que participaban ya algunos y viendo que en este espacio se fusionaban temas de mi interés, decidí participar.

Aquí tuve la fortuna de encontrar un grupo de participantes de diferentes disciplinas  con los mismos intereses y sueños por contribuir a un mejor mañana para el planeta y todos sus seres.

Desde diferentes visiones hemos leído, investigado, discutido y hecho propuestas en el tema. Trabajamos con mucho entusiasmo en un tema de gran importancia en estos tiempos, en que el planeta y la naturaleza nos hacen un llamado de auxilio. El estudio de la Encíclica Papal, “Laudato Si”,  ha sido muy importante y de gran apoyo a nuestro sueño.

Como grupo queremos seguir trabajando para ampliar nuestros conocimientos en el tema de la ecología y las espiritualidades, para también transmitirlos a diferentes comunidades.

Es un proyecto de vida, compartido con amigos y compañeros, con quienes hemos creado lazos académicos y de amistad.
 


Martha  Cecilia  Pinzón J:  
Arquitecta de profesión
Ambientalista por decisión


REFLEXIÓN COMO PARTICIPANTE DEL SEMINARIO


No tengo un recuerdo preciso de cuando me empecé a interesar en los temas “ambientales”, tal vez y sin darme cuenta la primera que hizo alusión al tema fue mi abuelita quien vivía con nosotros desde que me acuerde y decía “es pecado tirar la comida a la basura “ y reutilizaba todo lo que podía en casa; también  mi papa que era muy racional en los gastos y uso de las cosas aplicaba el reutilizar y reciclar.

Ya al acabar el colegio oí por primera vez la palabra Ecología, cuando acabé mi curso de orientación profesional, indagué un poco ya que no existía como carrera profesional, lo más cercano era la Biología, pero no lo sentí como mi proyecto de vida y escogí estudiar Arquitectura.

Sin embargo la inclinación al cuidado y el gusto por lo ambiental  seguía  estando en mi alma, y así cuando tenía oportunidad me inclinaba por saber de paisajismo como una extensión de la arquitectura y la vegetación, y más adelante cuando estaba más consciente de que la construcción de edificaciones es un gran generador de problemas ambientales hice un posgrado en certificación LEED  para conocer herramientas que nos lleven a un mejor desempeño respetando pautas que hacen mejor ambientalmente el desarrollo de la arquitectura.

Por todo esto, cuando fui invitada  al seminario Teología en dialogo con la  Educación ambiental, me brincó el corazón de emoción y algo de angustia. Emoción porque era un nicho que estaba esperando para poder contribuir y aprender como persona interesada en mi crecimiento interior y espiritualidad a partir del componente ecológico, en busca de la felicidad. Angustia porque no conocía muchas de las temáticas que abordaban quienes por su experiencia profesional me antecedían y llevaban varios años desarrollando la relación entre la Teología y la Ecología.

Los textos leídos, junto a las diversas reflexiones surgidas desde disciplinas diferentes a la mía o sencillamente por las experiencias que la vida y este grupo de estudio me  han dado, unidos a una mirada realista de los acontecimientos relacionados con mi profesión, han hecho que más de una vez me haya sentido desmoralizada cuando veo cómo arrasamos la naturaleza con total  despreocupación por lo que tomamos de ella para nuestros fines. Sentí el compromiso de  aportar algo, pues si el mundo es el regalo de Dios para nosotros y la creación nos debe proveer felicidad, entonces debemos trabajar para  que tengamos un mejor mundo para nosotros y los que vienen y qué mejor que por medio de la Educación Ambiental.

Es así que a través del tiempo en que he participado de este Seminario he aprendido con los textos de Leonardo Boff sobre la Teología de la Liberación, he conocido a los pioneros y pioneras de la Ecoteología valorando los aportes que fueron haciendo a lo largo de los años, por lo cual elaboramos una línea del tiempo para apreciar la evolución de esta disciplina; así mismo la lectura e  interpretación del libro  “Orar con los elementos” nos proporcionó herramientas para valorar los aportes de las ecofemisnistas; también fueron  muy enriquecedoras  las reflexiones realizadas a partir de videos ambientales claros, didácticos y pedagógicos. En fin, este Seminario de formación fue construyéndose con aportes muy variados  donde todos aportamos y  nos enriquecemos; por lo cual ahora queremos salir al mundo a compartirlo.



Emilia Cabane:

REFLEXIÓN ECOTEOLÓGICA


Creo que han pasado cuatro años desde que me integré al grupo de Ecoteología, primero fue por curiosidad y hoy puedo decir que ha sido un enriquecimiento constante, un cuestionamiento permanente y un muy agradable compartir con mis compañeros. Al tratar de escoger una imagen para ilustrar el aporte que he recibido y mi sentir pienso en un camaleón, hermoso, complejo, cambiante y de actitudes mesuradas. 

Hay un enfoque fundamental que ha permanecido en mi percepción como bióloga. Las primeras nociones de diseño, orden, funcionamiento, equilibrio, belleza son adquiridas con una simple mirada y con una reflexión ante cualquier ser viviente, paisaje o estructura mineral de nuestro planeta. Siempre he pensado que el arte y la ciencia tienen el deber de despertar, desde una tierna edad, la curiosidad, el asombro y el respeto por cada representante de la naturaleza que habita esta Tierra con nosotros. Ese mayor acercamiento y conocimiento de la naturaleza pueden crear un vínculo fundamental con la Ecoteología.

Sin embargo, ese enfoque biológico se amplió enormemente al haber podido conocer los trabajos y aportes de muchos intelectuales, hombres y mujeres estudiosos de temas teológicos que han conllevado a reflexiones socioambientales, cambio de políticas y toma de medidas económicas durante este siglo XX.  Ahora, el propósito como bióloga y Ecoteóloga  no es sólo cuidar la naturaleza, sino fortalecer todas las instituciones que con un sentimiento de amor y compasión cristianos favorezcan un equilibrio entre la noción de progreso y una calidad de vida digna de las poblaciones humanas desfavorecidas.

La ética y el avance de la ciencia también han sido temas recurrentes de estudio en nuestros encuentros y cuyas profundas implicaciones  no pueden dejarse de lado. En nuestro análisis de la Encíclica de Francisco he descubierto que se le da a la ciencia funciones que no tiene. Se plantea la idea de una ciencia que debe resolver todos nuestros problemas y donde la conciencia y responsabilidad cristianas no tienen cabida. Una lógica pragmática en donde lo que se busca es el éxito en la acción y en la resolución de problemas.  Se han cerrado filas y se han evitado las críticas internas dentro de las instituciones científicas. Se equipara al científico o a la función del científico con un espejo que tiene que reflejar la realidad de manera aséptica, y donde la reflexión ética aparece como invasiva porque la función del científico no es preguntarse si está bien o está mal lo que hace, la función del científico es reflejar la realidad. Este fenómeno se agrava por el poder económico que detentan las grandes corporaciones y con el cual someten Estados débiles. El llamado a repensar nuestro estilo de vida y nuestros compromisos para forjar unos ciudadanos sensibles y dinámicos que cuiden esta única y bellísima “Casa”.



Luz Stella  Millán:

CONVICCIÓN  ECOTEOLÓGICA

La visión crítica del medio ambiente y la toma de conciencia del hombre frente a la responsabilidad ecológica que pueda tener, son en la época actual temáticas que me parece tocan profundamente la ética personal y social. En torno a ello surge el diálogo entre Teología y Ecología, que se concreta en este Grupo de Reflexión, y proporciona espacio abierto para educarse y educar sobre las acciones del ser humano que permitan aportar a la solución de la crisis, a la conservación de la Creación, vista como máxima obra del amor de Dios.

La reflexión del Grupo permite que se aborden los temas Ecológicos con la mirada propia de cada creencia, de cada disciplina, pero desde la vivencia de cada uno de los participantes; y bajo esta lupa he puesto mi mirada. La interacción grupal me ha permitido descubrir las dimensiones fáctica y espiritual en las cuales se mueve la Ecoteología, a partir de la cual aborda la Educación Ambiental.

Así realizo, desde la academia, esfuerzos para alcanzar objetivos de vida que equilibren el entendimiento filosófico y el activismo ecológico que me permitan definirme como Ecoteóloga ya que a raíz de mi participación en este Grupo he podido enriquecer los conceptos ecológicos, los fundamentos teológicos, y contribuir en las acciones que, como amante de la ecología, me competen desde el quehacer diario, con el fin de restablecer la relación NATURALEZA – HOMBRE – DIOS, única posibilidad de lograr una convivencia armónica sobre el planeta.



Gregory  Kennedy  SJ:

CÓMO LLEGUÉ A ECOTEOLOGÍA...

Siendo todavía niño aprendí que había una relación estrecha entre justicia, hábitos y hábitat.  Detrás de la casa familiar se ubicaba un hueco gigantesco, resultado del socavar piedra caliza a lo largo de muchos años.  La empresa, que poseía el abismo, quería convertir su vacío en plata y armó una propuesta para crear un vertedero donde se enterraran basuras.  Sería el basurero más grande de Canadá, el destino terminal del descarte de Toronto, la metrópolis que quedaba a unos 90 kilómetros de mi hogar medio-rural.

A mis vecinos no les gustaba la idea para nada.  Puesto que nuestra agua provenía de pozos, que se contaminarían fácilmente por los químicos que saldrían subterráneamente del montón de residuos, el vecindario se juntó para oponerse a lo que nos parecía una locura patente.  Se escribían cartas a los periódicos, se enviaban delegaciones a los políticos, se recogía dinero para pagar a los abogados contratados para protegernos.

Mi primera intuición de que el asunto era más complejo de lo que parecía, me llegó durante uno de nuestros actos para recaudar fondos.  Se trató de una cena con espaguetis, cuyo costo era 5 dólares por plato.  Con 13 años yo me ofrecí para servir como mesero.  Tanta gente vino que se acabó la comida. Nos felicitamos por el éxito.  Pero al final de la noche, cuando ya habíamos limpiado y ordenado todo, sacamos docenas de grandes bolsas negras llenas de platos, cubiertos y vasos desechables.  Al parecer, eso no le inquietó a nadie salvo de mí.

Gracias a los esfuerzos comunitarios, logramos  vencer al proyecto. Como se puede imaginar, la euforia nos invadió, ya que nuestra pequeña comunidad era como el jovencito David ante una empresa como Goliat, fortalecida por un ejército legal y administrativo. 

Recuerdo bien la primera semana después de nuestra victoria inesperada.  Caminando hacia el colegio, pasé junto a los pequeños cerros de basura que se sacaban de las casas todos los lunes.  Pero esta vez a lo que se botaba normalmente, se sumaron todas las cosas de nuestra compaña: fichas, panfletos, señales etc.

Al verlo, me llenó una tristeza rabiosa.  ¿Cómo podíamos luchar tanto para que no nos llegara la basura de Toronto y al mismo tiempo no pensar dos veces en mandar la nuestra a alguna otra comunidad?  Habíamos protegido nuestro propio hogar pero aparentemente no nos importaba un bledo que nuestra suciedad fuera a contaminar un hogar ajeno.


Desde aquella mañana me he esforzado para evitar producir basura y ser coherente con lo que digo y con lo que hago.  Ahora veo con más claridad cómo la Ecología se vincula con la justicia, y que las dos tienen harto que ver con la esencia del catolicismo.   No puedo separar mi fe ni de mis acciones ni de mi sitio terrenal.  Para mí, la Ecoteología es nada más ni nada menos que la teología tal cual, o sea, el intento de entender un poquito más de Dios.  Si Dios no está en el conjunto de ecosistemas, muchos ya crucificados mortalmente, que constituye el mundo, no tengo ni idea dónde debo buscarlo.  




Germán  Mahecha:

¿POR QUÉ SOY ECOTEÓLOGO?

A manera de una autobiografía

Héctor Ochoa Cárdenas, es un compositor y músico colombiano que al momento de escribir estas líneas cuenta con 81 años cumplidos. Dentro de su gran repertorio, sobresale la obra que fuera declarada en 1999 por la Academia Musical Colombiana –ACAMUCOL– como la Canción Colombiana del Siglo XX: El camino de la vida, la cual en la segunda estrofa dice:

Después llegan los años juveniles,
los juegos, los amigos, el colegio.
El alma ya define sus perfiles
y empieza el corazón de pronto a cultivar un sueño.

Pienso que luego de haberla cantado tantas veces y comprobar innumerables coincidencias con mi vida pasada y casi como anuncio profético de lo que vendrá en el futuro, pienso que esta estrofa podría definir muy bien el por qué soy Ecoteólogo.

Después llegan los años juveniles

Recuerdo esta etapa de mi vida, porque fue el momento cuando comenzó mi vida como Scout. Fue la oportunidad que tuve para entrar en contacto con la naturaleza y comenzar a experimentar a Dios en ella. De hecho, el sexto punto de la Ley Scout dice: “El Scout ve en la naturaleza la obra de Dios, protege los animales y plantas”.

Los juegos, los amigos, el colegio

Estos empezaron a presentarse precisamente como la oportunidad de ejercer un liderazgo para hacer parte del equipo de animación pastoral en un primer momento para el Colegio Salesiano León XIII en Bogotá y luego para la provincia, lugar desde el cual se pudo irradiar el espíritu scout, que no es otra cosa que una ecología aplicada. La prueba de que lo que mucho tiempo después conocería como el testimonio de la Primera Comunidad Cristiana –Hch 2, 42-47–.

El alma ya define sus perfiles

Fue allí donde me nace la inquietud por querer estudiar algo relacionado con la naturaleza… y en ese momento, cuando la Ecología no era carrera, sino una disciplina especializada de la Biología, no hubo otra alternativa que incursionar en ella. Pero no de cualquier manera, sino aprovechando el liderazgo mostrado durante la juventud. Por tanto comencé la Licenciatura en Biología, con lo que se inició el largo camino de ser educador…

Y empieza el corazón de pronto a cultivar un sueño


Es la etapa en la cual entre la inquietud por cuidar el páramo y enseñar a los demás a hacerlo, realizo estudios que me llevarán a un trabajo interdisciplinario –ciencias, pedagogía y teología–, lo cual ha permitido desde mediados de 2011 realizar una reflexión entre la Teología y la Educación Ambiental, título del seminario del que hago parte y en donde he podido compartir ideas y una grata amistad.



María Jesús Sánchez de Ávila:

LAS HISTORIAS DE LA ABUELA JUANITA Y MI  PENSAMIENTO ECOTEOLÓGICO

De la lucecita de vela al bombillo ahorrador

Cada día creo más firmemente que la Vida (con mayúscula) es muy sabia y hace cosas magníficas en la vida de las personas, a veces sin apenas  darnos cuenta. Así, lo que en algún momento no nos gustaba   o   no   hubiéramos   hecho   de   ninguna   manera,   acabamos   haciéndolo    con   gusto   y entusiasmo sin que nadie nos obligue. 

Cuando  era  pequeña,  joven  y  no  tan  joven  oí  una  y  mil  veces  decir  a  mi madre: “¡Cuánto  daría porque  los  jóvenes  vivierais  una  semana  de  la guerra  y  la  postguerra  para  que  aprendierais  a  no derrochar!”. Cosa que me molestaba porque en el fondo yo creía que mi madre era un poco tacaña,  consecuencia  -en  parte-  de  las  penurias  económicas  que  pasó  durante  la  guerra  civil  y  la posguerra  españolas.  Épocas  en  las  que  la  escasez  y  las  necesidades  de  todo  tipo  dejaron  una huella  profunda  en  su  personalidad;  porque    aunque  llegaron    tiempos  de  abundancia,  casada  y con hijos y nietos, una y otra vez recordaba los días en que hubo que sacar del arca de la abuela la ropa  antigua  para  transformarla  en  abrigos;  recordaba  los  antojos  en  el  embarazo  -nunca satisfechos por falta de dinero-, de naranjas o de patatas, las cenas de invierno en la cama porque no había cómo encender la calefacción o las películas en el cine de sesión continua donde sí había calefacción. 

Una y mil veces nos contaba a sus hijos  -y luego a sus nietos- sus pequeñas heroicidades caseras; pero con una sola conclusión: Había que ahorrar, ahorrar y ahorrar.

¡Muy bonitas las historias que contaba mi mamá! pero yo, de niña,  cada vez que tenía que ir de mi habitación al cuarto de estar -en medio de la oscuridad de la noche apenas mitigada por la tenue lucecilla en  forma  de  vela que   alumbraba  a  la  imagen  de  la  Virgen  del  Carmen-,  me  moría  del susto y de la rabia pues no entendía el por qué de tanto  ahorro. La guerra y  la posguerra habían pasado  hacía  mucho  tiempo  y,  gracias  a  Dios,  ya  podíamos  comer  patatas  y   naranjas  hasta hartarnos,  había  calefacción  en  la  casa  y  en  el  Corte  Inglés  nos  podíamos  comprar  la  ropa  más bonita del mundo.

Pero  con  el  paso  de  los  años  dejé  de  ser la  niña  que corría  por  el  pasillo  a  oscuras,  y  ya  casada y muy lejos del control materno decidí que en mi casa alumbrarían bombillos de 100 vatios porque -entre otras cosas- la luz en Colombia era mucho más barata que en España y así mis  hijos nunca tendrían miedo por la oscuridad. Pero la Vida, que como dije es muy sabia, siguió su curso lento y pausado, y a la joven madre derrochadora de los bombillos de 100 vatios le llegó “el apagón de la era  Gaviria” ¿Lo  recuerdan?  Seguro  que  lo  recuerdan,  y  más  ahora  que  nos  están  amenazando con otro apagón.

La crisis energética que provocó el fenómeno del Niño en 1992, hizo que durante casi un año viviéramos  con   racionamientos  de  luz,  campañas  para  ahorrar  agua,  cambio  en  el horario  nacional para  aprovechar  la  luz  solar,  etc,  etc  (Es  curioso  que  24  años  después  estamos ad  portas  de  una situación similar).

Durante esos largos meses de oscuridad, a la luz de las velas  nos divertimos escuchando La Luciérnaga,   contando   historias  de  miedo,     jugando   al  monopolio,    cantando   canciones  infantiles, leyendo cuentos de  y, ¡cómo no!,   volvimos a recordar las viejas historias de la abuela Juanita. 

Alguna  de  esas  noches,  mirando  al  pasado  tras  el  eco  de  los  conocidos  sermones  familiares  y confrontándolo con el presente nació una nueva valoración de la realidad. ¿El asunto es que uno tenga o no tenga la capacidad económica para pagar el recibo de la luz, darse gusto en la comida, pagar el último modelo de alta costura  o se trata de otro asunto? Ahora resultó que la abuela no había  sido    una  tacaña  sino  una  preclara  precursora  de  las  tres  erres:  Racionalizar, Reutilizar  y Reciclar.  

Lecturas, noticias, experiencias, personas que fueron pasando por mi vida de  joven madre -cada día menos joven- me hicieron comprender lentamente, pero con mayor claridad, el otro dicho de la  abuela “Dios escribe  derecho  con  renglones  torcidos”.  Porque  hay  que  ver  ¡lo  torcidos  que estaban!  Quién  iba  a  decir  que    me  iba  a  volver    un  adalid  del  otrora temido  y  despreciado ahorro,  ahora  rebautizado  con  el  término “consumidora  responsable”:  comprar  bombillos led, golpear la puerta del baño para que los hijos no durmieran bajo la ducha, emprender campañas en la  vecindad  para  la  separación  de  basuras,  comprar  productos  locales,  revisar  los  procesos  de producción antes de comprar algo, llevar mis propias bolsas al mercado, etc. En fin, la Vida se fue encargando de provocar un cambio en mis actitudes y comportamientos de consumidor. 

Con   el   tiempo,   ciertos   enunciados   pasaron   del   ser   aceptados   teóricamente   a   ser vividos conscientemente.    De  tal  manera  que    eso  de    de  que “la  comprensión  implica  un  cambio  en  el comportamiento”,  “el  comprender  nos  transforma”, “Dios  actúa  a  través  de  la  historia  y  de  las personas”,  “tenemos  una  responsabilidad  infinita  con  la  creación”,  etc,  etc,  se  fueron  o  se  van convirtiendo  en  hábitos  de  vida  en  los  que  se  evidencia    que  la  vida  de fe  en  las  nuevas generaciones de esta familia se está manifestando en comportamientos concretos que -heredados de  la  abuela  pero  transformados  acorde  a  las  circunstancias-  están  iluminados  por  una  nueva manera  de  sentir  la  realidad.  Así,  actualmente,  para  la  hija  y  los  nietos  de  Juanita -que  no  se pueden  dormir  bajo la  ducha- la  fe y  la  vida  tratan  de  relacionarse  coherentemente   intentando hacer uno  el creer, sentir, valorar y  actuar.  


Esta  ha  sido  mi  pequeña metanoia   ecológica.  Para  nosotros,  hoy  en  día,  respetar,  cuidar  y proteger   la  Creación -desde  la  perspectiva  de  consumidores  responsables-  es  una  manera  de expresar en hechos concretos la creencia en un Dios Creador, Padre  Amoroso y Misericordioso. 



Nohora Inés Pedraza Niño:

¿POR QUÉ LA ECOTEOLOGÍA EN MI VIDA, EN MI HACER VOCACIONAL? 



Inicio la reflexión desde la Educación Ambiental pues ésta ha sido mi formación y mi vocación-profesión durante muchos años y la acerco a la Teología, porque también, durante muchos años me he preguntado por qué nuestra religiosidad estaba relacionada “con muchas de nuestras acciones no ambientales” tan aceptadas culturalmente. 

Otra pregunta que frecuentemente relaciono con lo anterior es por qué no cuidamos nuestro entorno, nuestro planeta, la vida en todas sus dimensiones. De ahí que siempre me ha llamado la atención el mito de Higinio, recuerdo de mis clases de historia en el colegio.

Cierto día, Cuidado tomó un pedazo de barro y lo moldeó con la forma del ser humano. Apareció Júpiter y le insufló espíritu. Cuidado quiso darle un nombre, pero Júpiter no dejó y comenzó una discusión entre ambos. En ésas, apareció la Tierra, alegando que el barro era parte de su cuerpo, y que tenía derecho de escoger el nombre. Siguió la discusión y llamaron a Saturno que dio la siguiente sentencia, considerada justa: «Tú, Júpiter, que le diste el espíritu, recibirás su espíritu, cuando muera. Tú, Tierra, que le has dado el cuerpo, recibirás su cuerpo cuando muera. Y tú, Cuidado, que fuiste el que moldeó la criatura, la acompañarás todo el tiempo que viva. Y como no ha habido acuerdo sobre el nombre, decido yo: se llamará «hombre», que viene de «humus», que significa tierra fértil.
Mito del Cuidado (Higinio)

Me encantaban los Mitos de la clase de historia; éste que tanto me gustó, ahora   lo relaciono con la creación y la misión que según el Génesis tiene el ser humano: “Cuidar”.

Con estas inquietudes apareció en mi camino el Grupo de Ecoteología de la Universidad Javeriana para acercarme cada día más a las enseñanzas de la Teología cristiana donde he ido descubriendo con asombro la belleza de todo el legado ambiental que se encuentra en la Palabra de Dios, en nuestro libro sagrado; me falta descubrir mucho más, soy una novata a pesar de llevar varios años en el grupo, porque en cada diálogo del grupo conozco algo nuevo y me doy cuenta que me falta profundizar más.  Sin embargo, lo descubierto me acerca al diálogo con la Teología para aprehender, con h, agarrar, el cuidado del planeta. Pero de igual manera, he ido fortaleciendo mi conocimiento sobre Doctrina Social de la Iglesia, un tema desconocido para la mayoría de las personas creyentes, y que nos lleva realmente a conocer cuál es la misión y el compromiso evangélico de cada uno de nosotros.

Al preguntarme desde una perspectiva religiosa, creyente, sobre la razón de ser de algunas de nuestras acciones ambientales,  encontré que el desarrollo de las ciencias duras, de las ciencias naturales, nos alejó de la capacidad de recrearnos, asombrarnos, del ver más allá de lo aparente; de ver la esencia del planeta como organismo vivo; de reconocer su capacidad de resguardarnos y de darnos las condiciones para vivir; se nos olvidó agradecerle - agradecerle en oración- todo lo que nos ofrece.

El Salmo 104 (103) que nos muestra poéticamente la belleza de la Creación en íntima relación con su Creador, podríamos relacionarlo con el concepto de sistema y de complexus -lo que está tejido en red-, un concepto clave para la Educación Ambiental; por lo que podríamos afirmar que desde la antigüedad los hebreos reconocían el valor de religar, de establecer las íntimas relaciones de todo con todo, de la Vida con el Todo:
(…)Dios mío que grande eres (…)
(…) de los manantiales sacas los ríos, que corren por las montañas.
 De esa agua beben los animales salvajes;  A la orilla de los ríos anidan las aves del cielo; ¡allí cantan, entre las ramas de los árboles!
Tú eres quien riega los montes y la tierra se sacia de tu acción fecunda;(…)
Se llenan de savia los árboles del Señor, en ellos anidan las aves pequeñas y grandes.
¡Cuántas cosas has hecho, Señor! Todas las hiciste con sabiduría;
¡La tierra está llena de tus criaturas!  (…)
¡El Señor se alegra en su creación! (…)

La lectura de este salmo me lleva a plantear la necesidad del cuidado y el agradecimiento. En estos días del fenómeno del Niño (un fenómeno natural) pero que unido al cambio climático acrecienta las consecuencias. Veo montañas secas y sin árboles, regiones sin agua, plantas secas o que no florecen y no pueden ofrecernos alimento, no solo a nosotros, sino a las aves, a los insectos y a todas las criaturas de la creación. ¿Y me pregunto dónde están nuestras acciones? En este Año de la Misericordia, proclamado por el Papa Francisco, que define la Misericordia como: "La ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros el hermano que encuentra en el camino de la vida" me sigo preguntando: ¿Quiénes son nuestros hermanos? ¿Extendemos este valor de hermano a todo lo que nos rodea? Tenemos que preguntarnos si nos estamos relacionando con todo y con todos de la manera como lo hizo San Francisco que dijo: “Hermano Sol, Hermana Luna, Hermano Lobo”; porque al nombrar cualquier realidad con el término Hermano, se nos está invitando a “amar y cuidar”, que es la mejor de las maneras de relacionarse con todo aquello que nos hermana.

De esta manera, pienso que el cuidado como proceso formativo viene de la cultura y de la sociedad y que me lleva desde la Educación Ambiental a aproximarlo a mi cotidianidad cuando observo la creación, veo mi vida, mi entorno, mi vocación-profesión, convivo en mi familia, en mi grupo de trabajo, en mi grupo de Ecoteología. Y me acerca a entender la importancia de la afectividad, en todos los ámbitos de la vida, para el cuidado de sí mismo, de los demás seres humanos, de la vida en toda su creación, y del planeta. Como nos lo recuerda el papa Francisco en Laudato Si (LS 77), sobre el amor de Dios a la creación: El amor de Dios es el móvil fundamental de todo lo creado: «Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que hi­ciste, porque, si algo odiaras, no lo habrías crea­do» (Sb 11,24).


Cada día, la reflexión Ecoteológica me abre caminos, cuando tenemos nuestros encuentros de grupo, la socialización de textos escogidos para releernos y reencontrarnos con nosotros mismos, en el debate y el diálogo para recapitular ideas, mediar y aprender en grupo y religarnos con la vida, con el planeta, con el universo. Ha sido y sigue siendo mi aprendizaje.